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Perspectiva

El New York Times fabrica una narrativa de “sabotaje ruso”

El New York Times publicó un reportaje en su portada el viernes, bajo el titular “Un patrón peligroso de sabotaje ruso en Europa arriesga un choque con la OTAN”, afirmando, sin sustento alguno, una “ola” de “complots” por parte de Rusia para llevar a cabo ataques contra miembros de la OTAN.

Un letrero del New York Times cuelga sobre la entrada de su edificio en Nueva York, el 6 de mayo de 2021. [AP Photo/Mark Lennihan]

Esta “ola” de “complots” ha logrado, de alguna manera, no herir a nadie ni dejar evidencia tangible de su existencia, más allá de las afirmaciones de funcionarios gubernamentales y sus voceros mediáticos que claman por una escalada de la guerra con Rusia.

Son, en otras palabras, una fabricación total, urdida como parte de una implacable campaña de propaganda de las clases dominantes estadounidense y europeas, para justificar la escalada de la guerra entre la OTAN y un Estado con armamento nuclear.

Este artículo es un ejemplo de lo que en una época anterior se llamaba “periodismo amarillo”. En las palabras atribuidas a William Randolph Hearst en 1897, explicando sus esfuerzos por forzar al público a apoyar la guerra hispanoestadounidense: “Ustedes pongan las fotos, que yo pongo la guerra”.

El Times construye el reportaje del viernes, firmado por Michael Schwirtz y Adam Goldman, en torno a acusaciones de un ataque ruso con drones contra un avión de carga ucraniano estacionado en el Aeropuerto de Leipzig/Halle, un centro de transporte aéreo militar de la OTAN. Las acusaciones se sostienen sobre un dron hallado en el aeropuerto el 4 de agosto, que el gobierno alemán ha alegado, sin sustento, que era ruso.

El periódico alega que el supuesto suceso en Alemania es “el más dramático de una serie de tales ataques, que incluye complots para colocar dispositivos incendiarios a bordo de aviones de carga de DHL, volar vías férreas en Polonia, e incendiar almacenes y centros comerciales en toda Europa”.

El Times cita al ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, quien dijo el martes que los operadores de los drones trabajaban “para entidades estatales rusas”. Ni él ni el Times han presentado ninguna prueba. El servicio de inteligencia danés, PET, es citado diciendo que “Rusia está tanto planeando como llevando a cabo actos de sabotaje contra empresas de defensa y la industria de defensa en Europa”.

El artículo continúa así una y otra vez, afirmación no sustentada tras afirmación no sustentada, sin ir acompañada de un solo hecho. Y en ningún lugar se contrasta la total falta de evidencia de esta campaña de “sabotaje” con el hecho de que, en este mismo momento, misiles producidos por países de la OTAN y guiados por sus datos de blancos están cayendo sobre ciudades rusas.

El propósito de las acusaciones al crear un casus belli lo plantea Julianne Smith, exembajadora de EE.UU. ante la OTAN: dado que Rusia “no ha sido disuadida adecuadamente y Moscú no ha pagado ningún precio, Putin está interpretando eso como una señal para seguir adelante”.

El Times afirma que los ataques rusos en Europa “comenzaron a ocurrir poco después de que Rusia lanzara su invasión a gran escala de Ucrania en 2022”. Sin embargo, de manera crítica, el artículo ignora el ataque más destructivo contra la infraestructura europea en esos cuatro años: la destrucción de los gasoductos Nord Stream, de Rusia a Alemania, el 26 de septiembre de 2022.

A menos de un día de las explosiones, el Times ayudó a lanzar la campaña para culpar a Rusia. El 27 de septiembre de 2022, tituló su boletín “Se sospecha que Rusia saboteó el gasoducto”, y citó al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki: “Todavía no conocemos los detalles de lo que sucedió, pero podemos ver claramente que es un acto de sabotaje”.

Pero para el 7 de marzo de 2023, el propio Times informó, citando de nuevo a funcionarios estadounidenses anónimos, que nueva inteligencia “sugería” que un “grupo proucraniano” había llevado a cabo el atentado. El 30 de junio de 2026, el fiscal federal de Alemania acusó a un oficial del ejército ucraniano, alegando que él y otros soldados ucranianos concibieron el plan “actuando por orden de agencias estatales ucranianas”, plantaron los explosivos desde el yate Andrómeda, fletado en Rostock, y buscaban cortar el suministro de gas de manera permanente.

El Times no puede mencionar el Nord Stream, porque eso expondría como mentira la afirmación de cuatro años de ataques rusos contra Europa.

El Times ha desempeñado durante mucho tiempo un papel crítico en la difusión de la propaganda de guerra estadounidense. En el período previo a la invasión de Irak en 2003, el Times y su reportera Judith Miller difundieron las mentiras sobre las “armas de destrucción masiva” y los “tubos de aluminio”, que la administración Bush utilizó para justificar su invasión criminal. En ambos casos, el periódico publicó las afirmaciones de funcionarios anónimos como hechos, y las afirmaciones fueron desmentidas solo después de haber cumplido su propósito.

Schwirtz y Goldman han pasado años en un esfuerzo sistemático por demonizar a Rusia con el fin de justificar la guerra. Schwirtz, excorresponsal en Moscú, compartió un Premio Pulitzer en 2020 por artículos “que exponían las depredaciones del régimen de Vladímir Putin”. Goldman compartió un Pulitzer en 2018 por la cobertura de la “injerencia” rusa en la elección de 2016.

El World Socialist Web Site preguntó el 28 de septiembre de 2022, dos días después de los ataques contra los gasoductos Nord Stream: “¿Cui bono? ¿Quién se beneficia, y quién tenía el motivo para llevarlo a cabo?”. La misma pregunta se aplica a la “ola” de “complots” que ahora alega el Times. Debe hacerse la pregunta: ¿quién se beneficia de la escalada del conflicto entre Rusia y la OTAN?

Durante cuatro años, el Kremlin ha permitido que la OTAN cruce una línea roja tras otra: tanques occidentales, luego una invasión terrestre ucraniana, con equipo de la OTAN, de la región rusa de Kursk en agosto de 2024; luego misiles estadounidenses y británicos disparados hacia territorio ruso; y ahora ataques diarios de largo alcance contra refinerías y plantas de energía rusas. La política de Rusia ha sido evitar un choque directo con la OTAN.

Ha sido, por el contrario, la política de las potencias de la OTAN perseguir la máxima escalada posible de la guerra, buscando, a través de la subyugación de la antigua Unión Soviética, un medio para compensar y contrarrestar la crisis tanto del capitalismo estadounidense como del europeo.

El reportaje llega mientras el régimen ucraniano se encuentra en una crisis cada vez más profunda. Una encuesta de la firma ucraniana SOCIS, publicada el 6 de agosto, encontró que el 49,3 por ciento de los ucranianos nombraba a la corrupción gubernamental como el mayor daño para el país, frente a un 44,6 por ciento que nombraba los ataques rusos con drones y misiles. Dentro de Ucrania, la oposición al reclutamiento forzoso está creciendo, con protestas generalizadas y significativas en todo el país contra el secuestro de jóvenes por parte de bandas de reclutadores.

El Times habla en nombre del Partido Demócrata y de los sectores de las agencias de inteligencia y la clase dominante cuya oposición a Trump se ha centrado en la política exterior. Dos meses antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, la preocupación central de los demócratas es asegurar una escalada masiva de la guerra contra Rusia. La administración Trump, por su parte, envió el mes pasado al director de la CIA a Moscú, mientras bombardeaba Irán y se preparaba para la guerra con China.

Las mentiras que se utilizaron para justificar la invasión de Irak fueron expuestas después de la invasión. Las mentiras que ahora se cuentan sobre Rusia están destinadas a servir el mismo propósito, y esta vez la guerra que preparan es entre potencias con armamento nuclear. Deben ser expuestas antes de que hayan cumplido su cometido, y la única fuerza con interés en hacerlo es la clase obrera, en Estados Unidos, Europa, Rusia y Ucrania. La oposición a la guerra no vendrá de ninguna sección del establishment político que la está organizando. Requiere la movilización independiente de los trabajadores contra sus propias clases dominantes y contra el sistema capitalista que produce la guerra.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 04/09/2026).

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